Proyecto para la Paz y Reconciliación del Migrante 

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Nuestra Misión

        El Proyecto para la Paz y Reconcilación del Migrante busca proveer oportunidades sostenibles para migrantes guatemaltecos que han sido deportados de los Estados Unidos. Nuestra Mision es trabajar por la reinserción de migrantes deportados en el mercado laboral formal por medio de la implementación de un programa de colocación de empleos y seminarios educativos, en los cuales se evalúen los diversos desafíos a los que se enfrenta dicha población, con el objetivo de fomentar mayor entendimiento entre los anteriores y agentes del sector privado. Por medio de la mencionada intervención, buscamos contribuir a la reducción de problemas de discriminación laboral, estigmatización y criminalización, los cuales son algunos de los factores que afectan desproporcionalmente a tal comunidad.

¿Por qué es importante?

     Junto a los alarmantes índices de violencia y pobreza que sacuden al país, Guatemala ha experimentado un éxodo que sobrepasa los 1.3 millones de migrantes, quienes han viajado a los Estados Unidos en búsqueda del “Sueño Americano”. Con un PIB per cápita de $5,000 (2011), un coeficiente GINI de 0.551 (2007), y más del 54% (2011) de la población viviendo bajo la línea de la pobreza, Guatemala es un país donde las remesas causan un impacto significante. Las remesas constituyen 9.8% (2011) del PIB del país, siendo Guatemala el cuarto mayor recipiente en la región latinoamericana.


   En 2012, El Ministerio de Relaciones Exteriores estimó que un total de 500,000 Guatemaltecos viven indocumentados en los Estados Unidos. La mayoría de migrantes son jóvenes y provenientes del mercado laboral informal. De los mismos, el 77.3% está entre los rangos de 20 a 44 años, se estima que el 50% ha finalizado estudios primarios y solamente el 7% ha completado estudios de Bachiller. En efecto, muchos son deportados y las cifras siguen incrementando a un ritmo constante. En 2010, 23,068 guatemaltecos fueron deportados de los Estados Unidos, en 2011 el número incrementó a 30,855 y a finales de octubre de 2012 se marcó un récord de 33,503. Para próximos años, se estima que la cifra seguirá creciendo.

      Al llegar a Guatemala, aquellos quienes han sido deportados cuentan con pocas estructuras de soporte que faciliten procesos de reintegración, tanto cultural, como económica. El Periódico reportó que “La DGM [Dirección General de Migración] no hizo nada. Simplemente anotaron sus nombres… se bajaron del avión y buscaron ir a algún lugar. Si tienen suerte, sus familias los llegan a traer, o incluso sus amigos. Los deportados estaban dispuestos a dar cualquiera de sus pertenencias para obtener transporte; unos lentes de sol, algunos dólares, o un par de zapatos.”


      Los problemas, a los que se enfrentan los migrantes deportados, no están limitados a la falta de mecanismos de soporte social. Muchos migrantes deportados también se enfrentan a discriminación laboral y estigmas relacionados con alienación cultural, siendo el estigma relacionado con tatuajes un ejemplo claro de ello. Sin embargo, la problemática laboral también ocurre al momento de certificar habilidades y experiencia laboral previa. Como consecuencia, muchos migrantes deportados no son capaces de desempeñar su potencial al máximo y, al pasar el tiempo, su empleabilidad disminuye.


   Siendo una comunidad altamente marginalizada, también corren peligro y, en casos extremos, son susceptibles a crimen, pandillas y tráfico de drogas. Frente a tales condiciones, muchos evalúan y embarcan su retorno rumbo a los Estados Unidos y, una vez más, son víctimas del desgaste causado por el agotador viaje de cinco días por el Desierto de Sonora y son sujetos a pagar una suma entre $2,000 - $4,000 en honorarios al Coyote, quien los llevará a su destino final. El otro lado de la historia también refleja la problemática legal y la falta de conocimientos sobre los procesos de aplicación para visas de trabajo. Los mencionados procesos son complejos y de alto costo.


   Encerrados entre las fronteras de Guatemala y Estados Unidos, aquellos quienes han sido deportados tienen pocos lugares a donde acudir, siendo víctimas de un sistema económico que ofrece poco, y otro que simplemente les ha prometido mucho.